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Spurgeon y los siete

Recuerdo que cuando el Señor me salvó, asistí a una iglesia bautista que no era reformada. Cuando mi querido pastor predicaba acerca del libre albedrío había en mi alma un rechazo a tal enseñanza ya que me parecía que ésta no se encontraba en el texto predicado. Fue así que, luego cuando fui a vivir a USA, estuve entrando y saliendo de muchas iglesias bautistas que enseñaban de esa manera en cuanto a la salvación y otras doctrinas como “el cristiano carnal”, por ejemplo. Fue cuando llegó a mis manos un libro del pastor Charles Spurgeon y después de leerlo dije: “¡este hombre piensa como yo! ¿Quién es él?, ¿Dónde vive?” De allí me convertí en un asiduo lector de este gran predicador del siglo XIX.

Creo que son muchas las personas que admiran al pastor Spurgeon, especialmente los bautistas reformados quienes hemos leído su obra llamada “Una Defensa del Calvinismo”; o su libro “Todo de Gracia”; entre otras más.

Posiblemente, pensemos en nuestros días que el pastor Spurgeon debe haber sido un ministro muy popular entre los suyos, en su ciudad, en su país; después de todo ¡Quien podría negar que el Señor lo utilizaba poderosamente en la predicación de Su Palabra! También, posiblemente, pienso yo, que muchos de nosotros quisiéramos ser usados de la misma manera en que él lo fue en sus días, con la misma instrumentalidad, poder y talento que Cristo, nuestro Amado Salvador, le había concedido a este hombre en Su gran misericordia.

¿De verdad le gustaría ser como el pastor Charles Haddon Spurgeon?

Yo he compartido, y comparto, frases célebres del pastor, así como muchos otros hermanos lo hacen, y lo seguiré haciendo; porque admiro al pastor Spurgeon ya que, por la gracia de Dios he leído más de él, su vida y su ministerio. Cuando digo que admiro al pastor Spurgeon quiero decir que aprecio su persona como un siervo de Dios sin caer en la idolatría y una admiración fanática hacia su persona.

Por ejemplo, en lo que se conoció como “La Controversia del Declive”, el pastor Spurgeon se enfrentó tenazmente a la mundanalidad de su época, oponiéndose a la gran mayoría de sus colegas Bautistas, hasta ser despreciado por la gran mayoría de ellos ¿Haría usted lo mismo?

Spurgeon no creía en una unidad basada en unas cuantas doctrinas cristianas,  él defendió las sanas doctrinas de las Escrituras, poniéndose en contra de la Unión Bautista de sus días ¿Haría usted lo mismo?

Spurgeon fue despreciado por sus colegas Bautistas, por oponerse a la mundanalidad y desenfreno de sus días (entre otras cosas)

¡Quien podría pensar que hasta su mismo hermano de padre y madre, James, se pondría en contra del pastor Spurgeon! Es allí donde vemos que las Escrituras se cumplen cuando Cristo dice:

 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. (Mat 10:34-36)

¡Quien podría imaginar que de entre dos mil personas, solamente siete estarían de lado del “Príncipe de los Predicadores”!; ¿Qué haría usted en los zapatos del pastor Spurgeon ante tanta oposición por causa de sus principios doctrinales en cuanto a la pureza de la Iglesia de Cristo?; ¿Se mantendría usted firme en sus puntos de vista doctrinales?; ¿Estaría usted dispuesto a pagar el mismo precio que pagó Spurgeon y el profeta Elías: La soledad?

¡Dos mil votos en contra y solamente siete a favor!

No sé si los siete de la foto de arriba, son los únicos siete, de entre dos mil, que votaron a favor de Mr. Spurgeon; quizás sí, quizás no.

Iain Murray recoge lo sucedido en su libro “The Forgotten Spurgeon” en las páginas 149-150, cuando cita a una persona llamada Henry Oakley, quien recordara ese momento con las siguientes palabras:

 Yo estuve presente en el templo de la ciudad cuando se presentó, se secundó y se aprobó la moción. Posiblemente el templo de la ciudad estaba tan lleno como podía estarlo. Yo estaba allí muy temprano, pero sólo encontré un “asiento de pie” en el pasillo detrás de la galería. Escuché los discursos. El único de los que tengo algún recuerdo fue el del señor Charles Williams. El citó a Tennyson en favor de una teología liberal y la justificación de la duda. Llegó el momento de la votación. Solamente aquellos quienes estaban en el área estaban calificados para votar como miembros de la asamblea. Cuando se propuso la moción de censura se levantaron muchísimas manos. “En Contra” llamó el secretario, el doctor Clifford. No vi ningunas manos levantadas, pero los registros históricos dicen que hubo siete. Sin ninguna clase de anuncio del número de los votos, la gran asamblea estalló en aplausos turbulentos y más aplausos y más aplausos. Algunos hombres de avanzada edad dieron rienda suelta a su hostilidad reprimida; de parte de los jóvenes se desató una resistencia salvaje contra lo que ellos llamaban “trabas oscurantistas” Fue una escena muy extraña. La veía casi con lágrimas en mis ojos. Yo estaba parado cerca de “uno de los estudiantes de Spurgeon” a quien yo conocía muy bien. Mr. Spurgeon le había dado la bienvenida desde una posición muy humilde a su colegio de estudiantes; él se volvió casi loco de placer con esta censura de su grande y generoso maestro. Digo que fue una escena extraña, que aquella vasta asamblea pueda estar escandalosamente deleitada por la condenación del más grande y noble líder de su fe

Al igual que en los tiempos de Spurgeon, en nuestros días, la mayoría se regocija en convivir con lo liberal y mundano, y formar grupos y movimientos con quienes enseñan tales maldades; mientras que la minoría que procura sostenerse en aquella verdad antigua y pura de las doctrinas de Cristo, es menospreciada, difamada e injuriada.

 

Si decimos profesar la misma doctrina que el pastor Spurgeon, más que recortar y pegar las frases de sus sermones, deberíamos imitar su fe y su valor en defensa del evangelio y sus santas doctrinas.

 

¿Qué dice usted ahora?; ¿Le gustaría ser como el pastor Charles H. Spurgeon?; ¿Está usted dispuesto a pagar el mismo precio que él pagó?

En qué creemos

Es posible que el título de este artículo puede resultar un poco sorprendente ya que algunos podemos preguntarnos ¿Tienen los hermanos Pentecostales una declaración de fe? La respuesta es “Sí, ellos la tienen”; todo cristiano o denominación tiene una confesión de fe, ya sea que la haya puesto por escrito o no, ¡todos los creyentes tenemos convicciones doctrinales!

Ahora, este artículo no es uno que se escriba desde un escritorio, o que nazca de la lectura de algún libro ¡nada de eso! Este articulo lo escribo desde mi propia experiencia personal, y la de hermanos que congregan en este tipo de iglesias por no hallarse en su lugar una iglesia reformada.

Hace muchos años atrás, mi esposa y yo tuvimos que viajar para vivir fuera de la ciudad de Lima y donde llegamos tuvimos que buscar una iglesia a la cual debíamos congregar. Lamentablemente, las iglesias bautistas del lugar tenían una doctrina muy liberal y carnal, lo cual me condujo a elegir a una iglesia pentecostal para asistir con mi familia. Yo nunca he aceptado la doctrina pentecostal ni carismática, desde que el Señor me salva he creído firmemente en la cesación de los dones de señal, y hemos tenido una perspectiva diferente a la de los hermanos Pentecostales en cuanto al bautismo del Espíritu Santo. Lo que quiero decir, a manera de aclaración, es que mi caminar doctrinal no ha sido tambaleante en cuanto a estas doctrinas bíblicas, no es que una vez fui continuista y ahora soy cesacionista, o viceversa, no he ido de acá para allá arrastrado por la doctrina, o la tendencia, que estaba de moda.

El ejemplo confesionalista de los Pentecostales

Lo que pude aprender de ellos, es algo que me llamó mucho la atención en cuanto a doctrinas en las cuales no comparto con estos hermanos, que son, entre otras, las siguientes:

  1. El Bautismo del Espíritu Santo es una obra posterior a la del nuevo nacimiento (o regeneración); y,
  2. La consecuencia de ser bautizado por el Espíritu Santo se manifiesta por medio de hablar en lenguas.

Estas dos doctrinas son los pilares de la fe Pentecostal, y en esto yo creo que ninguno de los que leen este artículo podría refutar.

El ejemplo confesional de los hermanos Pentecostales está en lo siguiente:

  1. Si usted no es bautizado por el Espíritu Santo, con la correspondiente manifestación del don de lenguas, no puede ser bautizado en agua. (por lo menos en algunas congregaciones se observa esta regla)
  2. Si usted no cree que los dones milagrosos continúan en nuestros días; con la correspondiente manifestación del don de lenguas, don de sanidades, don de profecía, don de milagros, etc., no puede ser ministro de la Palabra y; por lo tanto, no puede ser admitido como misionero en sus filas.
  3. Si usted no cree en la expiación universal de Cristo, el libre albedrio, etc. No puede ser admitido como miembro o ejercer algún oficio como diacono o pastor; así como no podría participar en ninguna clase de liderazgo.

Sé que algunos considerarían como “herejes” estas afirmaciones, mientras que otros no lo harían; pero ese es el credo – o la confesión – que ellos abrazan y son consecuentes con este credo (por mi parte yo creo que es errado)

El ejemplo confesionalista de los Bautistas Arminianos

De igual manera con los hermanos Bautistas Arminianos (por favor no se tome esta forma de escribir de forma peyorativa o despectiva).

En los inicios de mi ministerio estuve como “pastor-misionero” en una iglesia bautista arminiana; aunque yo les había informado por adelantado que mi confesión (y práctica) de fe estaba resumida en la Confesión de Londres de 1689, ellos decidieron aceptarme en sus filas.

A pesar de ello, y de que esta iglesia ofrendaba para el sostenimiento de mi familia, prediqué la posición bíblica en cuanto al decisionismo, el cristiano carnal y el dispensacionalismo (doctrinas que ellos creían firmemente en su declaración de fe). ¿Cuál fue el resultado de no callar el mensaje de las Escrituras? ¡Que me echaran de sus filas!

Sin embargo, no dejo de admirar la unidad que ellos tuvieron para decidir, sobre la base de su declaración de fe, el retirarme de la misión.

Como experiencia, puedo sostener que dos creyentes que abrazan diferentes confesiones no pueden prestar servicio al Señor de manera unida. Por ejemplo, mientras la iglesia en la que yo pastoreaba estaba siendo enseñada del error del decisionismo y predicábamos el evangelio de manera bíblica; sin embargo, la iglesia “madre”, según su creencia doctrinal, enviaba a nuestra zona, para ‘apoyarnos’, hermanos y misioneros que practicaban el decisionismo como una forma de hacer evangelismo, trayendo consecuencias negativas a la causa de Cristo en aquella zona.

Otro ejemplo: En la iglesia central cuando me tocaba predicar, yo exponía sobre la soberanía de Dios, y luego predicaba otro pastor en contra del mensaje que yo había predicado anteriormente; esto tuvo como resultado una división en el pensamiento doctrinal de los hermanos que congregaban en tal lugar.

No teníamos una misma manera de creer, por ello, no podíamos servir juntos, ni avanzar como se debería.

Ellos no cedieron en sus credos, así como yo tampoco cedí en mis convicciones confesionales, por lo tanto, tuvimos que separarnos: ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? (Amós 3:3)

¿Ser confesional de nombre solamente?

Tanto los Pentecostales; así como los Bautistas Arminianos son confesionales, no solamente en teoría – o en nombre; sino que lo son en la práctica.

La actitud práctica del confesionalismo de ellos es digna de imitar; aunque yo no esté de acuerdo con sus posiciones confesionales, ya que yo me considero un Bautista-Confesionalista-Puritano.

¿Agradan a Dios todas las uniones?

Otro ejemplo confesional que conduce a la unidad lo encontramos en esta declaración:

Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. (Gn 11:4)

¿Y qué fue lo que dijo Dios?

Y dijo Jehová: He aquí EL PUEBLO ES UNO, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. (Gen 11:6 – Mayúsculas y negritas añadidas)

Esa declaración reducida convocó a muchos a la unidad, pero esa unidad no agradaba a Dios.

Yo me hago la siguiente pregunta ¿Sera que Dios se agrada de una unidad donde no haya convicciones doctrinales? Los Pentecostales y los Bautistas Arminanianos responderán: ¡No, no puede haber agrado en Dios por una unidad sin doctrina! Entonces, ¿Por qué será que los “Bautistas Reformados” no podemos entenderlo de la misma manera?

¿Unidad sin doctrina – confesión?

Es difícil para uno de postura reformada salir a evangelizar con un decisionista, o un pentecostal; porque ellos lo llevan todo al plano de la voluntad del hombre, a la decisión vacía y a las señales milagrosas para que el impío pueda creer; mientras que un reformado descansa en la voluntad de Dios para la salvación del alma pecadora.

Si yo estuviera congregando dentro de una iglesia arminiana y/o pentecostal y me escucharan predicar el evangelio y las doctrinas de la salvación y conversión y santificación, seguramente que me llamarían la atención o me disciplinarían por predicar de manera “diferente a sus posturas confesionales”; como ya les he mencionado antes.

La única alternativa para que yo pueda permanecer ‘unido’ a ellos es que yo calle mis convicciones bíblicas y me olvide de practicarlas, pero eso no es bueno, ya que yo estaría cometiendo pecado con la finalidad de “permanecer unido”

Ellos (los Pentecostales y Bautistas Arminianos) hacen énfasis en una unidad en doctrina, en primer lugar, para luego tener una unidad en el servicio a Dios.

“Bautista Confesional” de nombre solamente

En nuestros días ése es el clamor de muchos “bautistas confesionales 1689”: “SER CONFESIONAL DE NOMBRE SOLAMENTE”, diferente a los “Pentecostales confesionalistas” y a los “Bautistas Arminianos confesionalistas” quienes llevan a la práctica sus creencias doctrinales, dándoles la importancia debida; haciéndolos separase de aquellos quienes no afirman sus mismos credos; y eso es una verdadera lástima.

Cuando un BAUTISTA CONFESIONAL 1689 quiere “vivir su credo”, tal como lo hicieron los primeros Bautistas-Puritanos quienes redactaron dicha Confesión, no es de sorprender que le lleguen los siguientes calificativos despectivos: “radicales”, “landmarkistas”, “sectarios”, etc.

Lo que se busca en nuestros días es que las personas crean de una forma ‘romántica’ en las doctrinas que distinguen a su denominación; ello es la causa de que la unidad se ha convertido en un “objetivo en sí mismo” por encima de la doctrina y práctica sana que debe tener una iglesia local.

El descuido de afirmar solamente “de nombre” nuestra Confesión, ha traído una mezcla de toda clase de doctrinas, movimientos y posturas distintas dentro de la membresía de las iglesias “Bautistas Reformadas de Hoy”; cada Bautista Reformado de Hoy tiene su propio punto de vista doctrinal ya sea de acuerdo a su pastor favorito, o a su conveniencia o gusto personal; llegando a convertirse tal iglesia local, en una iglesia ingobernables, inútiles e irreverentes hacia Dios. Ellos, aunque abiertamente no lo dicen, postulan la idea de que: “está bien que tengas tu confesión de fe, mientras no la quieras poner en práctica con nosotros”

Un ejemplo lamentable lo encontramos en mi país, Perú; cuando una misión internacional, que decía que era Confesionalista 1689, en realidad  no estuvo basada en tal credo; es más, ni siquiera podían hacer una exposición de dicha Confesión, pues no la llegaron a conocer ¿Cuál fue la consecuencia de ello? Una división escandalosa y vergonzosa.

Un llamado a la reflexión

Los Pentecostales van a mantenerse en sus posiciones confesionales al igual que los Bautistas Arminianos; y ellos seguirán existiendo y separándose de aquellos quienes no comparten sus mismos credos, aunque no sean ortodoxos. Ellos no renuncian a sus confesiones por ninguna clase de unidad interdenominacional; sino que ellos siempre buscan la unidad SOBRE LOS FUNDAMENTOS DOCTRINALES DE SUS DENOMINACIONES.

¿No es ese un ejemplo para los que nos llamamos Bautistas Confesionales?

Si usted afirma ser confesionalista; entonces, viva y practique  según su credo. De lo contrario es mejor ser sincero y decir: “soy 30% confesional”; o “solamente amo las doctrinas de la gracia”; porque su actitud de no ser 100% confesional guía al error a muchos hermanos, ya que desfigura completamente la pureza de la fe confesional que redactaron y vivieron nuestros padres Bautistas quienes nos dejaron su legado plasmado en la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689.

fuego extraño

Hoy en día la práctica de hablar en lenguas es principalmente promovida en los círculos carismáticos para un beneficio personal. Tal práctica es anhelada como una señal personal y también por su valor, emocional y extático. La forma de hablar en lenguas en privado es fuertemente aprobada.

Pero esto se debe a que han malentendido el Nuevo Testamento, el cual enseña que todos los dones están designados para el beneficio de toda la iglesia. No son para el beneficio individual. 1Cor.12:7, lo pone en claro: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del espíritu para el provecho común” (versión NASB del Inglés). En 1Cor. 14:12-26, se nos dice otra vez que la edificación de la iglesia es el propósito supremo de los dones.

El hablar en lenguas ocurrió cuando el espíritu Santo hizo que los hombres hablaran, como vemos en todas las referencia en Hechos. Puesto que Dios dio las palabras, las lenguas eran un mensaje de Dios a los hombres y no al revés. Entonces ¿en dónde encuentran los maestros carismáticos su autoridad para el uso “privado” de las lenguas en oración o en las devociones privadas? Aunque parezca asombrosa la respuesta, es que ellos toman su autoridad de los versículos los cuales enseñan que las lenguas no deben ser usadas de esta manera.

Hablando Con Dios…

Uno de tales versículos es: 1Cor. 14:2, “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios”. Aparentemente los que hablaban en lenguas en Corinto no se preocupaban por traducir sus palabras en un idioma cotidiano (común). Por lo tanto el apóstol les muestra las implicaciones absurdas de su omisión. Pablo argumenta que si en primer lugar Dios da los mensajes, y si los que hablan en lenguas (o los intérpretes) no las interpretan para la iglesia, entonces por fin Dios mismo llega a ser el único que oye.

Tal situación es absurda y pone de cabeza todo el propósito de hablar en lenguas. Pablo declara que las lenguas no son para el beneficio de Dios ni tampoco para el beneficio de los creyentes individuales. Las lenguas son las palabras de Dios para el uso de la reunión pública de la iglesia. Aquí estaba la prueba básica para toda manifestación de hablar en lenguas en aquellos días, ¿Traían las lenguas un mensaje de Dios para la iglesia?

Edificándose Uno Mismo…

Otro versículo usado por los maestros carismáticos para sostener la idea de hablar en lenguas en privado es 1Cor. 14:4, “El que habla in lengua extraña, a sí mismo se edifica”. Pero otra vez, Pablo no está justificando el hablar en lenguas en una forma “egoísta”. El apóstol está tratando todavía con el gran error que acabamos de mencionar, la omisión de traducir la lengua para la iglesia. A Través del capítulo dice repetidamente que las lenguas tienen que dar un mensaje para la asamblea. Pablo dice: Cualquiera que habla en un idioma extranjero, sin dar la interpretación del mensaje, habla a sí mismo, y esto es obviamente un error.

El hecho de que los que hablaron en lenguas se edificaban a sí mismos (lo cual significa que su entendimiento fue ampliado o incrementado), nos dice que ellos definitivamente entendieron el significado de sus lenguas. Quizás la manifestación del don había llegado a tener más importancia para ellos, que el propósito del mismo. Ahora ellos son reprendidos por no haber traducido la palabra que se les había dado. No obstante, hoy en día los maestros carismáticos sacan estas palabras fuera de su contexto y las usan para justificar el uso privado de las lenguas fuera de la congregación. Otros de los versículos, de los cuales también hacen un mal uso en una forma similar se encuentran en 1Cor. 14:13-14, “Por lo cual, el que habla en lengua extraña pida en oración poder interpretarla. Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto”. Para los creyentes carismáticos estas palabras enseñan que es posible hablar en una lengua sin saber su significado, y que esto, de alguna manera es valioso para el espíritu, aunque el entendimiento quede en blanco. Pero las palabras del apóstol, tratan con el caso de uno que habla en lenguas, pero no recibe ningún mensaje. Tal persona probablemente se le ha otorgado el don de un idioma extranjero, varias (o muchas) veces antes. Un día durante un culto de adoración pública, mientras está lleno de amor y de adoración a Dios, siente una inclinación fuerte para “decir sus palabras” en el idioma que le fue dado por el Espíritu. Quizá las palabras (del idioma extranjero) se forman en un orden en su mente, pero en esta ocasión las palabras no están acompañadas por ningún entendimiento de lo que significan, (Puede ser que alguien quien a menudo hablaba en lenguas podía recordar muchas palabras o frases del idioma extranjero. Cuando esa persona estaba llena de un deseo fuerte de ser usada por Dios para traer un mensaje a la congregación, quizás estas frases extranjeras naturalmente llenaron su mente).

Pero porque no se le da ningún entendimiento del significado de las palabras, evidentemente no está bajo la influencia del Espíritu. El hablar en lenguas, como el orar y el cantar, deben incluir el entendimiento del que habla, aunque las palabras extranjeras resuenen en su mente, y aunque sienta una presión para que las hable, está claro que las palabras no tienen ninguna forma o significado y que el Señor no está dándole un mensaje para esa reunión en particular. En tales circunstancias no debe hablar, porque cuando la lengua es del Espíritu Santo verdaderamente, siempre estará acompañada por el significado. El mandamiento del apóstol al que habla en lenguas en esta situación difícil fue: Guarde silencio y ore para las palabras que conllevan un significado claro (1Cor. 14:13). El apóstol dice que cualquier cosa que sea hecha con el espíritu tiene que ser hecha también con el entendimiento (vea 1Cor. 14:15).

Hablando a uno mismo….

Hay aun otro versículo usado por los maestros carismáticos para mostrar que uno puede hablar y orar en lenguas en privado. Es 1Cor. 14:28, “Si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios”. Como cualquier lector cuidadoso puede ver, el apóstol no está aprobando el uso privado de las lenguas. El está diciendo que aún cuando el que habla en lenguas siente que tiene un mensaje genuino (porque él cree que entiende el significado de sus palabras) tiene que consultar con los que tienen el mismo don para ver si uno de ellos puede entender e interpretar su lengua.

Así Dios provee una “segunda revisión” de toda manifestación de lenguas. Primero, el que habla tiene que entender su lengua y Segundo, un intérprete tiene que confirmar que el mismo significado se le ha dado a él también. Esta provisión elimina completamente la posibilidad de que el que habla en lenguas pueda equivocarse o imaginar un significado que no es real. (Aún un hombre piadoso y sincero puede cometer tal equivocación).

Este arreglo de la “doble interpretación” confirmó a los judíos escépticos “de fuera” que el don fue un milagro innegable, recordamos que el valor principal del hablar en lenguas era una señal para tales incrédulos.

El asunto práctico de cómo los que hablaban en lenguas colaboraron es probablemente explicado en 1Cor. 14:18-30. En estos versículos nos dan la impresión de que todos los profetas (los cuales quizás incluían a los que hablaban en lenguas) se sentaron juntos, posiblemente en una plataforma. No habrían sido numerosos, y pudieron haber consultado durante la reunión. Igualmente los profetas, y los que hablaban en lenguas pudieron haber recibido su “mensaje” durante los días u horas antes de la reunión. En tal caso ellos podrían haber podido consultar a los otros. (Nota.- Debemos guardar en mente el hecho de que los creyentes del primer siglo no tenían las Escrituras del Nuevo Testamento en forma escrita como nosotros. Entonces, este fenómeno de recibir la revelación a través de estos dones, suplía su necesidad temporal. Este fenómeno fue quitado cuando la revelación completa fuese entregada en forma permanente, vea 1Co 13:8-12)

El pasaje completo dice lo siguiente: “Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios. Así mismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero” Si ningún interprete es inspirado para corroborar el mensaje, entonces el que habla debe hablar para sí mismo y para Dios. Esto no quiere decir que se comporte desordenadamente y hable en lenguas en privado en asamblea, simplemente quiere decir que él debe guardar sus palabras para sí mismo, y orar a Dios para que le use en otra ocasión según Su voluntad y beneplácito Soberano. En otras palabras, que se calle y se someta a la voluntad soberana de Dios.

El resumen de la enseñanza de Pablo aquí, es que, todas las lenguas genuinas son un mensaje para la congregación. Su significado será entendido por el que habla y será confirmado por un intérprete. Cuando estos requisitos no pueden ser cumplidos, entonces el que habla tiene que guardar silencio y orar a Dios para que él le guíe.

Edificando a la Iglesia.

Por lo tanto, el uso privado de las lenguas es condenado por el apóstol, quien insiste en que todos los dones espirituales deben dar por resultado la edificación de la iglesia (1Cor. 14:12,26). No obstante los maestros carismáticos siguen usando estos versículos para enseñar lo que ellos quieren enseñar, usan todos estos versículos como una licencia para hablar en lenguas en forma privada e ininteligible.

¿Qué quiere decir edificar?

Cuando el Nuevo Testamento declara que toda manifestación de hablar en lenguas debe edificar, desacredita cualquier manifestación de lenguas no interpretadas, la cual no conduce al incremento del entendimiento. De acuerdo a la Escritura, no es posible tener el don de hablar en lenguas simplemente como una experiencia emocional. Cada vez que se usa la palabra griega traducida como “edificar” (la palabra misma significa incrementar, aumentar, crecer en conocimiento y madurez espiritual) es usada en el contexto que tiene que ver con la comunicación de palabras reales, quitando todo misterio, superstición o confusión. Edificar significa: incrementar o aumentar el entendimiento. Vea Romanos 14:19; 15:2; 1Cor. 8:1; 10:23; 14:3,12; 2Cor. 10:8; 12:19; 13:10; Efesios 4:12-16; 1Tes. 5:11; 1Tim. 1:4; etc.

 

Extracto tomado de:

 

EL FENÓMENO CARISMATICO

Artículos del SWORD & TROWEL

Suplemento publicado e impreso por

The Metropolitan Tabernacle

Elephant & Castle

Londres – 1982

 

 

Christian Mask

No puede haber salvación si el pecador no ha pasado por la experiencia de la conversión. Esta es una verdad que nosotros podemos afirmar con nuestras mentes y nadie puede decir lo contrario. Lamentablemente, en la vida práctica, por el desconocimiento de lo que es la doctrina de la conversión, se observa que existe un “discipulado a personas que son incrédulas” pero que, de alguna manera, han sido añadidos a las filas de alguna iglesia agrupación local.

¿Cómo puede ser que un incrédulo esté siendo discipulado si no ha sufrido conversión?

Bueno, la respuesta es que son muchas las ‘agrupaciones’ que consideran que la conversión ha sucedido cuando ocurren algunas (o todas) estas circunstancias:

  1. La persona hizo la oración del pecador.
  2. La persona ha llegado a obtener conocimiento doctrinal.
  3. La persona congrega con nosotros algún tiempo de manera frecuente.
  4. La persona hace “cosas religiosas” como también lo hacen el resto de la ‘agrupación’

Asumir estas acciones como la evidencia segura de la conversión de un pecador, y discipularlo sin que haya sido regenerado, es probablemente el camino común de nuestros días hacia la condenación eterna.

¿Por qué es peligroso discipular a un incrédulo?

El Señor Jesús dijo:

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Mateo 28:19-20 (cursivas y subrayado añadido)

Enseñarle a un incrédulo a que “guarde las cosas que el Señor ha mandado”; es enseñarle a actuar como un cristiano sin que lo sea. Practicar el cristianismo no salva, no lleva a ninguna persona hacia el cielo; no importa que tan estricto sea el incrédulo con su ‘práctica’ del cristianismo: si no nace de nuevo, no puede entrar al reino de Dios.

En algunos casos, aquel ‘discipulado’ al que se somete al incrédulo, es hecho más riguroso por las denominaciones y sectas que enseñan salvación por obras. Ellos añaden más ‘cargas’ que no se encuentran en la misma Escritura, sumando las tradiciones de los hombres hasta llegar a un “duro trato del cuerpo” (Col 2:23), haciéndoles creer que solamente de esa manera se manifiesta una verdadera conversión.

La visión opuesta la podemos encontrar en otras ‘agrupaciones’ donde el discipulado al incrédulo consiste en ‘Cristo nos hizo libre de la Ley’; es decir, cualquier intento, o insinuación, que debería haber una separación del pecado, un rompimiento con el mundo y una transformación de vida; es considerada como ‘añadir obras a la gracia salvadora’; esta manera de pensar es implantada, por medio del discipulado, en el pensamiento de aquel que no ha nacido de nuevo. Se les dice que las únicas ‘acciones cristianas’ que ellos deben desarrollar es la lectura de la Biblia, la oración regular y asistir a los cultos.

Enseñarle a un incrédulo a que realice una ‘actuación cristiana’ (como una marca de haber sido convertido) es como ponerle una vacuna en contra de la salvación verdadera; porque tal persona nunca buscará el arrepentimiento para con Dios ni la fe hacia el Señor Jesús. Al enseñarle a tal persona que actúe como cristiano en algunas áreas de sus vida, el incrédulo terminará convencido que ‘es’ cristiano y que no necesita escuchar las buenas noticias de salvación.

El evangelio se convierte en una burla para un incrédulo que viene siendo discipulado.

Ellos pensarán solamente que si no cambian ciertos hábitos en sus propias vidas, podrían terminar en la condenación eterna; y por tal motivo se esfuerzan por aferrarse a las reglas cristianas, que algunas veces llevan el ingrediente de la tradición humana, para escapar del infierno eterno.

El evangelio debe ser proclamado

El evangelio que se proclama a los pecadores no debe de encasillarse en unos cuantos ingredientes o pasos que el pecador tiene que ‘hacer’ para poder conseguir la salvación de su alma.

Quienes predicamos el evangelio no debemos decirles a las personas que deben ‘hacer algo religioso’. Pablo le dijo al carcelero de Filipos: “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” ¿Le estaba dando el apóstol algunas instrucciones (o pasos) a este pecador para que pueda salvar su propia alma?; ¿fue así como lo percibió el carcelero? (si el carcelero lo percibió de esa manera, entonces él debe haber dicho: ¡esto es más fácil de lo que yo había pensado!)

La fe de la que habla Pablo no era una ‘acción’ que debía realizar el carcelero; sino que la fe genuina tenía que producir ciertas acciones internas y externas en este pecador, así como en cualquier pecador del pasado, presente y futuro. La fe es un acto de Dios que es creado por Cristo y aplicado al pecador por el Espíritu Santo.

El propósito del evangelio no es invitar a las personas para que actúen como cristianas, o que hagan acciones religiosas. El propósito del evangelio es traer el poder de la conversión a las almas pecadoras por una obra sobrenatural divina en el alma pecadora.

Debemos asegurarnos que la persona tenga las señales de una conversión verdadera antes de aceptarla en la membresía y comenzar a discipularla; de lo contrario, estaríamos dándole una ayuda al diablo mismo.

Biblia abandonada

Este es el sufrimiento de mi corazón. Si bien no clamo para mí ninguna inspiración especial, sin embargo siento que este es también el sufrimiento del Espíritu Santo.

Yo conozco mi corazón y sé que el amor es lo que me motiva a escribir esto. Lo que escribo aquí no es una amargura fermentada agitada por las contiendas con mis compañeros cristianos. No ha habido tales contiendas. Yo no he sido abusado, maltratado o atacado por alguno. Estas observaciones tampoco han surgido por alguna experiencia desagradable que he tenido con los demás. Mis relaciones con los cristianos de mi propia iglesia, así como con los cristianos de otras denominaciones han sido amistosas, con cortesía y placenteras. Mi dolor es simplemente el resultado de una condición la cual yo creo que está prevaleciendo en todas las iglesias.

También creo que debo reconocer que yo mismo estoy muy involucrado en la situación que aquí lamento. Como Esdras en sus poderosas oraciones de intercesión se incluía él mismo entre los obradores de maldades, así yo también. “Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo” (9:6) Cualquier palabra dura hablada aquí en contra de los demás, debe entenderse como hablada también contra mi propia persona. Yo también he sido culpable. Esto lo he escrito con la esperanza que todos nosotros podamos volvernos al Señor nuestro Dios, y no pequemos más contra Él.

Permítame decir la causa de mi sufrimiento. Es esta: Jesucristo tiene hoy casi ninguna autoridad entre los grupos que se que se llaman ellos mismos por Su Nombre. Por estos no me refiero a los Católicos-Romanos, no a los liberales ni a los diversos cultos quasi-cristianos. Yo me refiero a las iglesias protestantes en general, aquí incluyo a aquellos que protestan más fuerte diciendo que ellos son los descendientes espirituales de nuestro Señor y Sus apóstoles; es decir, los evangélicos.

Es una doctrina básica del Nuevo Testamento que luego de Su resurrección Jesús, el Hombre, fue declarado por Dios como Señor y Cristo, y que Él fue investido por el Padre con absoluto señorío sobre la iglesia la cual es Su cuerpo. Toda autoridad es de Él en el cielo y en la tierra. En Su debido tiempo Él la ejercerá plenamente, pero durante este periodo de la historia, Él permite que Su autoridad sea desafiada por el mundo e ignorada por la iglesia.

La posición actual de Cristo en las iglesias evangélicas puede ser comparada con la de un rey en una monarquía limitada y constitucional. El rey algunas veces es privado de su personalidad por medio del término “la corona”; el cual, en algunos países, no es más que un punto de unión tradicional, un símbolo de agradable unidad y lealtad al igual que una bandera o un himno nacional. Él es halagado, agasajado y apoyado; pero su autoridad real es poca. Nominalmente él es la cabeza de todo, pero en cada crisis alguien más es quien toma las decisiones. En ocasiones formales él aparece en su atuendo real para pronunciar un discurso manso y descolorido, puesto en su boca por los verdaderos gobernantes del país. Todo esto puede ser una buena fantasía, pero está arraigada desde la antigüedad, esto es muy agradable y nadie quiere renunciar a ello.

Entre las iglesias evangélicas, Cristo es ahora de hecho un poco más que un símbolo amado. “Clamamos el poder del Nombre de Jesús” es el himno nacional de las iglesias y la cruz es su bandera oficial, pero sobre los servicios de la iglesia semana-tras-semana, y sobre la conductas de sus miembros día-tras-día; alguien más, no Cristo, es el que toma las decisiones. En circunstancias apropiadas a Cristo se le permite decir: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados” (Mt 11:28) o “no se turbe vuestro corazón” (Jn 14:1) pero cuando el discurso se termina, alguien más es quien se hace cargo. Aquellos quienes están en autoridad verdadera deciden los estándares morales de la iglesia, así como sus objetivos y los métodos empleados para alcanzarlos. Debido a la organización grande y meticulosa es ahora posible para el pastor más joven, recién salido del seminario, tener más autoridad verdadera en una iglesia que la que Jesucristo tiene.

No solamente Cristo tiene poca o ninguna autoridad sobre la iglesia, Su influencia también está decayendo más y más. Yo no diría que Él no tiene ninguna influencia, sólo que ésta es pequeña y decreciente. Un paralelo justo sería la influencia de Abraham Lincoln sobre el pueblo norteamericano. El honesto Abraham todavía es el ídolo del país. La imagen de su rostro amable y robusto, tan hogareño que es hermoso, aparece por todas partes. Es fácil que se nos pongan los ojos llorosos sobre él. A los niños se les cría con las historias de su amor, su honestidad y humildad. Pero luego de haber conseguido el control de sus tiernas emociones ¿Qué les hemos dejado? Nada más que un buen ejemplo que, conforme se va alejando en el pasado, se convierte más y más irreal y ejerce una influencia cada vez menor. Cada canalla está listo para colocarse el largo abrigo negro de Lincoln encima de él. En la fría luz de los hechos políticos en los Estados Unidos, la apelación constante a Lincoln hecha por los políticos es una broma cínica.

El señorío de Jesús no está olvidado del todo entre los cristianos, pero ha sido relegado en su mayoría al himnario donde toda responsabilidad hacia Su señorío puede ser cómodamente cumplido con un resplandor de agradable emoción religiosa. O si se enseña como una teoría en el aula, es raramente aplicado a la vida práctica. La idea de que Jesucristo el Hombre tiene autoridad final y absoluta sobre toda la iglesia y sobre todos los miembros en cada detalle de sus vidas simplemente no es aceptada hoy como verdadera por la tropa de los cristianos evangélicos.

 

 

Un extracto del título original en inglés: “The waning authority of Christ in the churches” escrito por A.W. Tozer

Traducción libre realizada por el pastor Guillermo de Lama, de la Iglesia Bautista Reformada Gracia Soberana en Lima – Perú

 

(Usted, como creyente, puede reproducir libremente el contenido haciendo referencia a este blog: https://bautistasreformadosperu.wordpress.com/)

Relativismo moral

Así que usted ha decidido convertirse en un relativista moral. ¡Bien por usted! ¿Qué puede ser mejor que hacer cualquier cosa que usted siente que es correcto?; ¿Qué puede ser peor que permitirle a alguien decirle a usted lo que debe y no debe hacer? Además, es una de las visiones del mundo más fáciles de adoptar. Dejar tranquilos a todos los demás y exigirles a los demás que ellos hagan lo mismo por usted, y usted nunca tendrá que preocuparse nunca más por si sus acciones son correctas o incorrectas. De hecho, en realidad hay solamente siete cosas que usted no puede hacer como un relativista moral. ¡Simplemente siga las reglas que a continuación se presentan, y usted será libre de los absolutos por siempre!

Regla # 1 Los relativistas no pueden acusar a otros de malas acciones

El relativismo hace imposible criticar la conducta de los demás, porque el relativismo finalmente niega que exista tal cosa como “malas acciones”. En otras palabras, si usted cree que la moralidad es un asunto de una definición personal, entonces usted nunca puede juzgar las acciones de los demás. Los relativistas ni siquiera pueden objetar al racismo sobre la base de motivos morales. Después de todo, ¿Qué sentido puede ser hecho de la sentencia “el apartheid está mal” cuando es hablada por alguien quien no cree en lo correcto y lo incorrecto?; ¿Qué justificación hay para intervenir? Ciertamente no es lo que es correcto para los seres humanos, porque no hay tal cosa como “lo que es correcto” El relativismo es la posición definitiva de pro-elección porque acepta todas las elecciones personales, aun cuando la elección es ser racista.

Regla # 2 Los relativistas no pueden quejarse acerca del problema del mal

La realidad del mal en el mundo es una de las objeciones primarias levantadas en contra de la existencia de Dios. El argumento dice que si Dios fuese absolutamente poderoso y fundamentalmente bueno, entonces Él se ocuparía del mal. Pero ya que el mal existe, uno de los tres posibles escenarios tiene que ser verdadero: Dios es demasiado débil como para oponerse al mal, Dios es demasiado siniestro como para ocuparse del mal, o Dios simplemente no existe. Por supuesto que para promover cualquiera de estos tres argumentos implicaría que también usted tenga que creer en el mal, lo cual los relativistas no pueden hacer. De hecho, nada puede ser llamado “malo” – ni siquiera el holocausto – porque hacerlo significaría afirmar alguna clase estándar moral.

Regla # 3 Los relativistas no pueden culpar ni aceptar elogios.

Los conceptos de alabanza y culpabilidad carecen completamente de sentido dentro del relativismo porque no existe un estándar moral por el cual juzgar si algo debe ser aplaudido o condenado. Sin absolutos, nada es finalmente malo, deplorable, trágico, o digno de culpa. Y tampoco no existe nada finalmente bueno, honorable, noble, o digno de alabanza. Todo está perdido en una zona de penumbras de la nada moral. Aquellos quienes afirman ser relativistas son casi siempre inconsistentes en este punto (ellos quieren evitar la culpa, pero rápidamente aceptan alabanzas) ¡Así que tenga cuidado!

Regla # 4 Los relativistas no pueden reclamar nada como no-equitativo o injusto

Bajo el relativismo, la justicia y la equidad son dos conceptos que no tienen ningún sentido en lo absoluto. En primer lugar, las palabras mismas no tienen significado, ambas sugieren que las personas merecen un trato igual basados en una norma externa de lo que es correcto, y como yo ya he dicho muchas veces, los relativistas no pueden creer en lo correcto y lo incorrecto. En segundo lugar, no hay tal cosa como culpable. La justicia implica castigar a los culpables, y la culpabilidad depende de la culpa, la cual, como también ya he probado, no puede existir.

Regla # 5 Los relativistas no pueden perfeccionar su moralidad

Con el relativismo, el perfeccionamiento de la moralidad es imposible. Seguro, pueden cambiar su ética personal, pero ellos no pueden convertirse en personas morales. La reforma moral implica una clase regla de conducta objetiva como una estándar hacia el cual se debe apuntar. Pero esta regla es exactamente la que los relativistas niegan. Si no hay una mejor manera de hacer algo, no puede haber un perfeccionamiento. No solamente ello, sino que no existe una motivación para el perfeccionamiento. El relativismo destruye el impulso moral que hace que las personas se levanten ellas mismas ya que no hay una “meta alta” a la cual alcanzar. ¿Por qué cambiar tu punto de vista moral si el que tienes actualmente sirve para tus intereses egoístas  y te hace sentir bien por el momento?

Regla # 6 Los relativistas no pueden sostener discusiones morales significativas

El relativismo hace imposible discutir acerca de la moralidad. ¿De qué hay que hablar? Una discusión ética envuelve comparar los méritos de un punto de vista con otros para descubrir cuál es el mejor. Pero si la moral es completamente relativa y todos los puntos de vista son igualmente validos, entonces no hay manera de pensar que algo es mejor que lo otro. Ninguna posición moral puede ser juzgada como adecuada o deficiente, irrazonable, inaceptable, o aun salvaje. De hecho, si las disputas éticas solamente tienen sentido cuando la moralidad es objetiva, entonces el relativismo solamente puede ser consistentemente vivido en silencio. Usted ni siquiera podrá decir: “está mal sembrar su moralidad a otros”

Regla # 7 Los relativistas no pueden promover la obligación de la tolerancia.

Finalmente, no hay tolerancia en el relativismo, porque la obligación moral para ser tolerante viola las reglas. El principio de tolerar es a menudo una de las llaves virtuosas del relativismo. La moral es individual, y así nosotros debemos tolerar los puntos de vista de los demás por medio de no juzgar sus conductas ni sus actitudes. Pero es obvio que este principio falla debido a una contradicción. Si no hay reglas morales, no puede haber una regla que requiera tolerancia como un principio moral. De hecho, si no hay absolutos morales, ¿Por qué ser absolutamente tolerante?; ¿Por qué no forzar sus principios morales en otros, si es para su propio interés, y su ética personal lo permite? Solamente asegúrese de no hablar cuando usted esté haciendo de esta manera.

 

Escrito por Greg Koukl

http://www.salvomag.com/new/articles/salvo1/koukl.php

Piece of cake

Es interesante que en un sólo capítulo de la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, se hallen juntas las doctrinas relacionadas con la adoración y el día de reposo. Sabemos que el Principio Regulativo de la Adoración (PRA) es la manera en que nuestros padres Bautistas Confesionales se acercaron a estas enseñanzas tan importantes en la vida de todo cristiano.

Esta tarde estaba leyendo un comentario sobre este Capítulo 22 de la CBFL de 1689, y en la parte final el autor hace una ilustración comparando el PRA, con el Principio Normativo de la Adoración (PNA)

El PRA afirma que Dios debe ser adorado, y el día de reposo debe ser guardado, siguiendo solamente lo que Dios ha ordenado en Su Palabra. Mientras que el PNA afirma que si la Biblia no prohíbe un determinado acto en la adoración, o en la manera de guardar el día de reposo, entonces está permitido.

La ilustración es como sigue:

Comparemos a dos niños, el niño principio normativo y el niño principio regulativo. El niño principio normativo viene a su casa, a una cocina vacía y ve sobre la mesa un pastel recién horneado y él concluye que, siendo que sus padres no han dejado una nota sobre el pastel indicando específicamente que él NO PUEDE tomar una tajada del pastel, concluye en su mente que él puede tomarla. El niño principio regulativo llega a su casa, a la cocina, ve frente a él un pastel recién horneado, y él concluye que, siendo que sus padres no han dejado una nota indicando que él SI PUEDE tomar una tajada del pastel, esto entonces debe significar que él no puede comer una tajada. ¿Cómo preferiría usted que sus hijos se comporten?